
Probablemente recuerden ustedes la serie de “Dragon Quest” (Las aventuras de Fly). Yo la vi estando muy chavo, me acuerdo perfectamente que desde entonces devoraba libros de fantasía a lo bestia (una etapa donde solamente sabía de Weiss-Hickman, de Feist y de Tolkien), y también, recuerdo que muchas de mis tardes pasaban mirando “Los Caballeros del Zodiaco” o “Mazzinger Z” (y también “Los Dinoplativolos”, ¿y qué?
). En ese entonces pensaba–: Sería genial si algún día, los japoneses dibujaran fantasía, sería genial que lo hicieran porque… son muy leales a la historia, porque son buenos, porque son unos chingones animando y estoy seguro que si ellos hicieran una serie así, no me decepcionarían. Y fue así que, antes de conocer “Lodoss Wars” (y “Dragon Pink”, ji ji), encontré en TV Azteca la serie de “Dragon Quest” y fue como si mis sueños se hicieran realidad.
No tanto mis sueños, pero… sniff, fui muy feliz pues. Sin embargo, este post no se dedicará a la caricatura… sino al primer juego de “Dragon Quest” que sacaron para la Playstation 2 y para mí, fue una excelente manera de olvidar mis noches en diciembre.
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